miércoles, 23 de agosto de 2017

La extranjeridad - France Théorent (Canadá)

La extranjeridad lleva nombre de mujer. El tiempo continuo se me escapa, pronto no habrá más tiempo. La extranjeridad en el nombre mujer es mi suerte íntima.
Existo en un tiempo bulímico. Alcanzo a entender el tiempo que palpita. No tengo más ideas y pienso todavía como a pesar de las ideas que entiendo. Apropiarme de la primera persona se hace fácil una vez excluidas las ideas.
No he sido el centro del mundo y tampoco lo seré.
Ni queja, ni amargura, ni desasosiego. La transparencia hace gozar y morir al tiempo presente. La transparencia traduce lo imposible. Y estoy tentada por lo imposible desde el comienzo,el momento único donde la primera persona no usurpa nada a nadie. Me llamo desde lo imposible. Las palabras, por cierto,conllevan una considerable mala fe. Yo estaba sostenida a loimposible y en mi candor de niña, pensaba que nosotras todaséramos sostenidas a lo imposible.
El milagro del amarilis atravesando la nieve se parece aldeseo infinito. La flor anunciadora es la transparencia. Asocio laextranjeridad a la transparencia del amarilis, del azafrán y de lasamapolas brillantes. La efímera belleza, un horizonte vivaz. Lamujer extranjera deviene en eso que ella es. Yo sé esto desde hacelargo tiempo. Conozco todavía su aparente fragilidad mientras séde mi fuerza como una apariencia. La búsqueda del equilibrioexige lo sobrehumano.
Las palabras hacen pantalla. Son la totalidad que está escrita.Concibo paradojas cuando permanezco en la superficie. Sinembargo la profundidad no existe. Las palabras abren, todavíaabren, no acaban nunca de abrir. La fuerza de las palabras surgede que ellas traman una claridad inteligente. ¿Por qué las palabrasme hace temer el no sentido? Yo existo no obstante en el nosentido, el discontinuo. Tengo a veces el coraje de recuperar lapalabra inalcanzable. Recupero sin interrupción palabras simila-res mientras que la mujer extranjera suspende palabras, silenciosqueridos la acompañan. No me comparo a ella. Las comparacio-nes de una a otra prueban la vulgaridad. Las comparacionesdestrozan lo que existe. ¿Quizá ellas hacen simplemente unasíntesis en el pensamiento? Entre la mujer extranjera y yo, existeuna relación que viene de una época lejana, sin edad y que tocaun dolor vivo.
La mujer séquito es atenta desde el comienzo. Yo la veo, ellaobserva, interviene. La metáfora vacía el sentido. La muerte noes una idea, la muerte es la realidad todavía ausente que devuelveal hecho de vivir sus partes de luz y sombras inseparables. Lalentitud conjuga las antinomias.
Conozco la vulgaridad. La vulgaridad ha sido una enemigacapital. Yo no le temo más como antes puesto que he integradoen mi entendimiento la vulgaridad como un hecho innegable.
He aquí la historia muy breve del blanco armiño: en la blancamorada invernal, un armiño todo blanco llega no se sabe cómo adeshonrarse. El armiño no soportando la mancha se deja morir. Más tarde, la piel del blanco armiño adorna el traje de gala delmagistrado. ¿Cómo no traicionar al blanco armiño? Toda bellezaviviente contiene su destrucción. La imagen del blanco armiñoforma parte de un antiguo horizonte, una memoria heredad.
Pertenezco a una cultura que se vuelve ciega, una cultura delmiedo y la desconfianza. La negación crea un estado violento.Tiendo a despojar a las palabras de ideas e imágenes. Algunosfragmentos de historia fundan una memoria. Voy a relatar esashistorias que me son vitales. La primera parece abstracta, ellacomprende tres tiempos, los tres tiempos oficiales de la muerte.
Primero, he aprendido a conocer a eso que me supera.Segundo, me he enamorado del solo desborde. Tercero, heconocido el lenguaje mortífero de los cultos y la veneración.Ahora la inteligencia revisa sus conocimientos y constituye unaactitud. La actitud cuenta para mucho. Hasta ahora la actitud separece bastante a aquélla del blanco armiño. Dudo en llegar a unaidea o a una imagen feliz de mí misma. Las ideas y las imágenesno tienen todavía importancia. Sólo un movimiento de enverga-dura, un movimiento que no tiene tres tiempos, un movimientosin interrupción.
Comienzo por la repetición de la mañana. La mañana, yareclamo la tarde cuando la luz fría me lanza a los grandes espaciosvacíos. Recomienzo en la perdición. La necesidad de reaparecer esla evidencia más simple. Está aquí despierta la más vieja angustia,más raramente la euforia que no es apenas mejor. Busco el núcleo el más puro. ¡Ay, la discontinuidad es mía! ¿Cómo abolir la tarde y la noche a fin de concebir una mañana vigilante? La extranjeridad que lleva nombre de mujer me aparece a la mañana.
La voluntad me pierde. Sin embargo deseo perderme, se tratade una otra pérdida que ignora la voluntad. Trazo letras en la esperanza de significar el coraje de la mañana.
Soy en entrecruzamiento de mis generaciones. El hecho deno ser una madre anuda mi fragilidad a la memoria. La extranjeridad y la memoria concuerdan en el núcleo anónimo. Tengo la loca esperanza de una mañana que no se detenga uninstante para transcribir de una vez las figuras de la extranjeridad.

lunes, 6 de marzo de 2017

Loba - Carmen Berenguer (Chile)

De dónde esta mueca
Esta boca este rostro
Esta máscara este abrigo
De dónde esta locura
De acompañarte por las noches
Con este negro y este rojo
Esta bufanda que es una bufonada
Y esta vitrina que devuelve esta pirueta
Esta artesanal pinta hecha a la medida.
Y esta lengua de loba despistada
Que te lame.