El aceite borbotea en la sartén. Allí he echado dos alcachofas acuchilladas.
He convertido a esas flores antiguas en corazones abiertos, en carne
viva. Me he dedicado después a esperar que largaran la sangre
o el sudor, según se mire. Luego he reducido una cebolla grande y llena de
luz, a polvo, a jugo, a numen. Y otra vez he llorado. Pero tan poca cosa
no me amedrenta. Me zambullo, con el jugo y las lágrimas, en el aceite
hirviente y cuando todo se impregna, paso una lluvia de arroz de la caja a mi
mano y de mi mano a la sartén en donde bullen los zumos del dolor y de la
dicha. Ya puedo esperar que los granos se hinchen. Sé que soportarán
(igual que yo) una hinchazón tres veces superior a su tamaño. Sólo hará
falta agregar agua o caldo, un baño que les permita transitar por el infierno
de la hornalla.
martes, 17 de mayo de 2016
lunes, 16 de mayo de 2016
Historia de un amor - Cristina Peri Rossi (Uruguay)
Para que yo pudiera amarte
los españoles tuvieron que conquistar América
y mis abuelos
huir de Génova en un barco de carga.
Para que yo pudiera amarte
Marx tuvo que escribir El Capital
y Neruda, la Oda a Leningrado.
Para que yo pudiera amarte
en España hubo una guerra civil
y Lorca murió asesinado
después de haber viajado a Nueva York.
Para que yo pudiera amarte
Catulo se enamoró de Lesbia
y Romeo, de Julieta
Ingrid Bergman filmó Stromboli
y Pasolini, los Cien Días de Saló.
Para que yo pudiera amarte,
Lluís Llach tuvo que cantar Els Segadors
y Milva, los poemas de Bertolt Brecht.
Para que yo pudiera amarte
alguien tuvo que plantar un cerezo
en la tapia de tu casa
y Garibaldi pelear en Montevideo.
Para que yo pudiera amarte
las crisálidas se hicieron mariposas
y los generales tomaron el poder.
Para que yo pudiera amarte
tuve que huir en barco de la ciudad donde nací
y tú resistir a Franco.
Para que nos amáramos, al fin,
ocurrieron todas las cosas de este mundo
y desde que no nos amamos
sólo existe un gran desorden.
los españoles tuvieron que conquistar América
y mis abuelos
huir de Génova en un barco de carga.
Para que yo pudiera amarte
Marx tuvo que escribir El Capital
y Neruda, la Oda a Leningrado.
Para que yo pudiera amarte
en España hubo una guerra civil
y Lorca murió asesinado
después de haber viajado a Nueva York.
Para que yo pudiera amarte
Catulo se enamoró de Lesbia
y Romeo, de Julieta
Ingrid Bergman filmó Stromboli
y Pasolini, los Cien Días de Saló.
Para que yo pudiera amarte,
Lluís Llach tuvo que cantar Els Segadors
y Milva, los poemas de Bertolt Brecht.
Para que yo pudiera amarte
alguien tuvo que plantar un cerezo
en la tapia de tu casa
y Garibaldi pelear en Montevideo.
Para que yo pudiera amarte
las crisálidas se hicieron mariposas
y los generales tomaron el poder.
Para que yo pudiera amarte
tuve que huir en barco de la ciudad donde nací
y tú resistir a Franco.
Para que nos amáramos, al fin,
ocurrieron todas las cosas de este mundo
y desde que no nos amamos
sólo existe un gran desorden.
sábado, 7 de mayo de 2016
Nosotras - Esperanza Yujra Gómez (Bolivia)
cuerpos desnudos y limpios
timidez del fulgor de una vela
paridoras de dudas y de convicciones,
luz de relámpagos fecundada en las auroras.
En la hora del amor enjambre deteniendo latidos.
Nosotras, alma de espejos,
de musgo rodeando
el significado de la palabra pecado;
nuestra preferencia será por la palabra olvido y sus significantes
cayendo como tertulias de poetas.
Nosotras, amadoras de brechas
dejando entrecruzadas las calles derechas,
destronando las torres espigadas,
descomponiendo las formas
en nuestros labios llenos de humo de cigarros
y de versos de poetas que nadie recuerda.
Nosotras, en los confines de un pueblo que nos niega,
a la luz de nuestros incendios,
de nuestros silencios,
nuestro retorno sin
disculpas ni explicaciones.
Nosotras,
danzas de triángulos encendidos,
de ojos de resorte de relojes antiguos,
de ficciones para los horizontes que nos rodean,
de letras de pulgas
en cuadernos de niños pequeños;
nómadas en geometría dispersas,
llenas de inocencias y de raptos
con nuestros infiernos acuchillados
en una fortaleza de luna encubierta,
gran teatro para desmontar nuestros huesos.
Nosotras, nacimos caminando
la lluvia desde los mares
arribamos con las anclas recogidas
y con una gato negro para cada ojo.
Archipiélagos de pieles morenas,
somos voz creada para las tormentas,
de hojas de coca sobre el tari
de pasos de fiesta sobre la periferia,
linaje para una especie que flota sobre el planeta,
somos camino sin huellas.
Nosotras
en una ciudad de piedra,
nacimos como buscando eclipses
en cópula entre el sol y la luna,
mudanza de ciclos
bajo cielos clandestinos
entretejidos para alguna ceremonia.
Somos herida de muerte esperando el final,
ojos de ángeles caídos y luciérnagas,
sendero bajo una noche perenne y taciturna.
De vez en cuando alargamos
los pasos alrededor de esta esfera
sólo para perdernos al otro lado del planeta.
Nosotras
incrédules e irreverentes
y llenas de certezas,
desvío del camino a las praderas,
huella que subirá el calvario
buscando reencarnaciones sin memorias.
Corpóreas y etéreas,
piel de espejismos
ríos grávidos y altura para nuestros abismos,
sensación de vuelo acuático.
timidez del fulgor de una vela
paridoras de dudas y de convicciones,
luz de relámpagos fecundada en las auroras.
En la hora del amor enjambre deteniendo latidos.
Nosotras, alma de espejos,
de musgo rodeando
el significado de la palabra pecado;
nuestra preferencia será por la palabra olvido y sus significantes
cayendo como tertulias de poetas.
Nosotras, amadoras de brechas
dejando entrecruzadas las calles derechas,
destronando las torres espigadas,
descomponiendo las formas
en nuestros labios llenos de humo de cigarros
y de versos de poetas que nadie recuerda.
Nosotras, en los confines de un pueblo que nos niega,
a la luz de nuestros incendios,
de nuestros silencios,
nuestro retorno sin
disculpas ni explicaciones.
Nosotras,
danzas de triángulos encendidos,
de ojos de resorte de relojes antiguos,
de ficciones para los horizontes que nos rodean,
de letras de pulgas
en cuadernos de niños pequeños;
nómadas en geometría dispersas,
llenas de inocencias y de raptos
con nuestros infiernos acuchillados
en una fortaleza de luna encubierta,
gran teatro para desmontar nuestros huesos.
Nosotras, nacimos caminando
la lluvia desde los mares
arribamos con las anclas recogidas
y con una gato negro para cada ojo.
Archipiélagos de pieles morenas,
somos voz creada para las tormentas,
de hojas de coca sobre el tari
de pasos de fiesta sobre la periferia,
linaje para una especie que flota sobre el planeta,
somos camino sin huellas.
Nosotras
en una ciudad de piedra,
nacimos como buscando eclipses
en cópula entre el sol y la luna,
mudanza de ciclos
bajo cielos clandestinos
entretejidos para alguna ceremonia.
Somos herida de muerte esperando el final,
ojos de ángeles caídos y luciérnagas,
sendero bajo una noche perenne y taciturna.
De vez en cuando alargamos
los pasos alrededor de esta esfera
sólo para perdernos al otro lado del planeta.
Nosotras
incrédules e irreverentes
y llenas de certezas,
desvío del camino a las praderas,
huella que subirá el calvario
buscando reencarnaciones sin memorias.
Corpóreas y etéreas,
piel de espejismos
ríos grávidos y altura para nuestros abismos,
sensación de vuelo acuático.
martes, 3 de mayo de 2016
Otro sí digo - Gabriela Robledo (Argentina)
Demandan expropiar mi cuerpo.
Es legítimo según la ley.
El juez regulará copiosos honorarios.
Se habrá hecho justicia.
Declararán mi placer de interés público.
Hallarán la marca incandescente
de un hierro patriarcal sobre mi espalda.
Me sepultarán bajo sus escuelas, sus iglesias, sus cortes de justicia
por subversiva, por guerrillera, por tortillera, por poeta.
Me quebrarán por no torcer el brazo.
Me violarán gendarmes de todas las tropas.
Apelaré,
esa ley que no tiene vigencia en mi cuerpo,
que me excomulga, me proscribe, me desaparece;
desnuda en el atrio
apelaré,
con los muslos, con el pubis, con los brazos, con las venas, con el cuello,
con las amígdalas, con el iris, con la córnea, con las uñas, con las rodillas no.
Apelaré
aunque Temis no se avoque ni escuche mi caso
apelaré con las tetas, con el puño, con los pies,
con las orejas, con las pestañas, con la espalda,
apelaré en presente en pasado y en futuro
del derecho y del revés
con los dientes, con la cola, con las pezuñas,
apelaré.
Es legítimo según la ley.
El juez regulará copiosos honorarios.
Se habrá hecho justicia.
Declararán mi placer de interés público.
Hallarán la marca incandescente
de un hierro patriarcal sobre mi espalda.
Me sepultarán bajo sus escuelas, sus iglesias, sus cortes de justicia
por subversiva, por guerrillera, por tortillera, por poeta.
Me quebrarán por no torcer el brazo.
Me violarán gendarmes de todas las tropas.
Apelaré,
esa ley que no tiene vigencia en mi cuerpo,
que me excomulga, me proscribe, me desaparece;
desnuda en el atrio
apelaré,
con los muslos, con el pubis, con los brazos, con las venas, con el cuello,
con las amígdalas, con el iris, con la córnea, con las uñas, con las rodillas no.
Apelaré
aunque Temis no se avoque ni escuche mi caso
apelaré con las tetas, con el puño, con los pies,
con las orejas, con las pestañas, con la espalda,
apelaré en presente en pasado y en futuro
del derecho y del revés
con los dientes, con la cola, con las pezuñas,
apelaré.
lunes, 2 de mayo de 2016
Oración - Cristina Peri Rossi (Uruguay)
Silencio.
Cuando ella abre sus piernas
que todo el mundo se calle.
Que nadie murmure
ni me venga
con cuentos ni poesías
ni historias de catástrofes
ni cataclismos,
que no hay enjambre
mejor que sus cabellos
ni abertura mayor que la de sus piernas
ni bóveda que yo avizore con más respeto
ni selva tan fragante como su púbis
ni torres y catedrales más seguras.
Silencio.
Orad: ella ha abierto sus piernas.
Todo el mundo arrodillado.
Cuando ella abre sus piernas
que todo el mundo se calle.
Que nadie murmure
ni me venga
con cuentos ni poesías
ni historias de catástrofes
ni cataclismos,
que no hay enjambre
mejor que sus cabellos
ni abertura mayor que la de sus piernas
ni bóveda que yo avizore con más respeto
ni selva tan fragante como su púbis
ni torres y catedrales más seguras.
Silencio.
Orad: ella ha abierto sus piernas.
Todo el mundo arrodillado.
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