Nunca oirás el crujir de tus huesos
No sangrará tu boquita
No abrirán tu espalda a mordiscos
Nunca sentirás la asfixia de estar boca abajo
No caerás de rodillas
No golpearán tu rostro contra el suelo
A ti
te darán un beso
te invitarán un helado
te llevarán a casa
y plantada allí con tus intenciones
te consumirás en ese llanto que no exacerba
ningún deseo violento de tomarte.
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